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Australia. El mundo al revés.

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¿Ves los bajos de tu coche estando de pié? ¿El agua gira en sentido contrario? ¿Todo está patas arriba? Estamos en Australia. Así pues comenzaremos por el final, por los consejos. Te voy a decir como atravesar la barrera y pasar el control de inmigración. Es mas seguro atravesar un bosque lleno de serpientes venenosas; y Australia es el país que más especies distintas tiene en el mundo; que pasar sus controles sin pega alguna. Pero no os asustéis, yo ya los he superado unas cuantas veces y sigo vivo. 

Ante todo cumplimenta la documentación para obtener tu visado electrónico como turista; si es que entras así; porque si vas a trabajar la cosa se complica y puedes estar horas ante el ordenador. Nosotros entramos con un documento especial, pero es otra historia. Ten paciencia porque el trámite es largo y complejo. Declara siempre la verdad y no trates de engañarles. Entra en la website: immi.gov.au y sigue los pasos con exactitud. Salva regularmente las páginas completadas antes de llegar al final y, una vez cumplimentado, espera, ellos te enviarán la conformidad. Imprímela aunque ya estarás en su sistema. No lleves alimentos sin declarar o prohibidos, ni siquiera los frutos secos del aperitivo del avión. Vigila el peso de las maletas y el equipaje de mano, no te pases. Es caro y engorroso. En resumen, no te pases de listo con ellos, saldrás perdiendo siempre. 

La opción B es que sea la Agencia te lo cumplimente ( en  mi caso es el equipo ), muchas de ellas no te cobrarán por ello, aunque el trámite es engorroso. 

Lo más lógico es viajar en el otoño/invierno austral, suele ser bastante más económico y recuerda que tienes ante ti un viaje de unas 25 a 28 horas con, mínimo, una escala. Nosotros lo hacemos en Octubre, tras la carrera de Japón. 

Si lo haces por Doha utiliza Qatar Airlines y sus precios bastante adecuados. Si prefieres Dubai será Emirates y sus precios no serán tan buenos pero ganarás en comodidad. Por Singapur será Singapur Airlines y, desde Europa, Luthansa es una buena opción. Todas terminarán en un vuelo de Quantas. 

Si optáis por un paquete de agencia CUIDADO!!! Yo sufrí las consecuencias de un vuelo con Jet Star que terminó costando más de lo que ahorraba. 

Tras aterrizar en el Aeropuerto de Tullamarine en Melbourn; segundo del país tras Sidney; nos dirigimos a la ciudad para pasar unos días antes de trasladarnos a Phillip Island y a su increíble Circuito al borde del mar. 

Victoriana y vanguardista, tradicional y rabiosamente moderna, tranquila e hiperactiva. Siempre actual y joven, origen de muchas de las iniciativas culturales mas interesantes del país. 

No tuvimos problemas para encontrar alojamiento en la ciudad, hay una extensa oferta asequible a cualquier bolsillo, por lo que no hay una recomendación específica. 

Mi primera sorpresa fue su gastronomía y la habitual afluencia de gente a los restaurantes locales cualquier día y a cualquier hora. Nosotros fuimos al Pellegrini´s, con más de un lustro de historia a probar sus fideos y sopas. Pero si quieres una experiencia única haz como nosotros y ve a conocer, comer o, mejor aún, cenar al Café Corretto, en el 227 Lygon St. Y conoce a Ángelo, su propietario. Italiano y ferrarista hasta la médula que en su restaurante rojo tiene un auténtico museo de la marca del cavallino rampante y una cocina que te hará creer que estás en Italia. Antes o después tienes que hacer como nosotros y cumplir con la tradición de tomar una copa en una de las azoteas de la ciudad, mejor al borde del rio en South Yarra

Al día siguiente tocaba andar y nada mejor que ésta ciudad para ello. A pié o en bicicleta nos recorrimos muchas de sus callejuelas victorianas, adornadas muchas de ellas con increíbles grafitis . St. Patrick, St Paul, estación de Flinders Street o el Art Déco de Mancherstyer Unity, para acabar en St. Kilda Esplanade, la zona bohemia, en dónde hicimos una parada para comer las famosas hamburguesas de Barney Allen, bien regados con cualquiera de las extraordinarias cervezas locales. 

Tras la comida nos acercamos a conocer los mercados locales, de los que ya me habían dicho que merecen mucho la pena. Y tenían razón. Queen Victoria, South Melbourne Market o Sunday Camberwell. 

Por la tarde-noche nos invitaron a un partido de Cricket en el Melbourne Cricket Ground, con capacidad para 100.000 personas… y estaba lleno!!!!! 

Y por la noche, de copas. Deporte nacional en Melbourne, por lo que la oferta es infinita y siempre acompañados por alguna banda local. Música en directo, buena cerveza, conversación abierta con cualquiera de los allí reunidos y relax total. Es imposible recomendar uno o dos, pero te diré que fuimos a orillas del río Yarra, conocido como Riverland y merodeamos por allí hasta altas horas. 

Al día siguiente recorrimos Fitzroy, el centro bohemio de Melbourne. Nos llevó todo el día y aprovechamos para realizar nuestras compras. Tiendas vintage y de segunda mano, antigüedades, artesanía local y cultura en todos sus formatos fueron un buen suvenir para regalar. Por supuesto, cuero, artículos de lana o piedras preciosas y semi-preciosas (ópalos muy recomendables). Otra alternativa fueron los almacenes Australia, en dónde podrás adquirir casi cualquier cosa fabricada en Australia. 

Pero vigila los horarios porque aquí se trabaja mucho y bien, pero el valor que le otorgan a su tiempo libre es envidiable, por lo que los horarios no son los europeos. Haz como ellos, pasea, bebe, compra, charla, conoce sus rincones (no olvides pasear por el puerto), come y vive Melbourne. Llena tu mochila de recuerdos y de experiencias. Repetirás. 

Te llevo las maletas

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Con los kilómetros recorridos en cerca de 350 horas de vuelo y automóvil, los más de 200 días fuera de casa, podríamos dar 5 veces la vuelta al mundo. Es una temporada del Mundial de Motociclismo.

El Mundial de MotoGP ofrece una oportunidad única de viajar, pero sin tiempo para conocer los escenarios de las diferentes carreras más allá de circuitos, coches de alquiler, aviones y aeropuertos.  

Tan solo fuera de Europa nos damos el lujo de cenar un auténtico asado argentino, visitar Tokio y cenar en un restaurante japonés, asombrarte en templos increíbles, pasearte por la indescriptible noche de Bangkok, o comprarte unas auténticas botas tejanas en Austin escuchando música en directo. 

Y la gente, siempre la gente. Ése artista desconocido de New Orleans, los amigos que nos acogen como a su propia familia en Termas de Rio Hondo, el colega japonés que nos muestra sus rincones secretos, esa adorable pareja de Le Mans –octogenarios ambos- con una vitalidad contagiosa, mis hermanos de la 3zzz en Melbourne que transmiten pasión por su trabajo…Todos ellos son los que hacen que los sitios se transformen en lugares familiares, casi nuestros, a los que regresar todos los años no supone un esfuerzo sino un deseo. 

Por eso me empeño en fotografiarlo todo, aunque aún me sorprendo alguna tarde recordando voces y sonidos, luces y sombras, olores y sabores que me devuelven a ellos. 

Solamente por eso merece la pena un año de espera.